Cuando por fin decidí actuar, levante mi cuerpo de la cama y comencé a buscar ropa con la mayor rapidez posible, salí corriendo tropezando con cualquier cosa que se interponía en mi camino; abrí la puerta y observe el desastre resultado de un arranque natural que apenas comenzaba.
Abrí aun más los ojos sin saber ni tener conocimiento de que debía hacer. Simplemente camine despacio notando a mi alrededor cada uno de los objetos que hacían caso a la gravedad y a los movimientos telúricos, recordé la necesidad de mi cuerpo y respire profundamente, aliviando mis pulmones que ya se hallaban sin oxigeno.
Mantuve la calma, sin saber que hacer. Puse las manos en la cabeza resignado a la muerte, pero lo gritos que entraron con el viento por la ventana me hicieron reaccionar y salir a la calle, bajando las escaleras reflexioné cuales eran las ventajas y desventajas de estar en la calle, no encontré respuesta alguna y seguí caminando.
Cuando cruce la puerta de la calle, dos personas tropezaron conmigo mirándome a los ojos fijamente, expresando la agonía que sentían al verme calmado, y la rabia por interponerme en aquel pequeño espacio cuyos dueños somos todos.
Emprendí una caminata sin rumbo, solo pensado algunas de las posibilidades de permanecer con vida; mi camino estuvo lleno de personas con diferentes expresiones extrañas para mi razonamiento. Pude prestar atención en caras llenas de terror, de angustia, de tristeza, desesperación, agonía, rabia, calma y resignación.
Me llamó la atención una mujer que vestía una simple bata medica, también estaba descalza y un poco despeinada; mi mirada se poso en ella por su extraña reacción, la cual no comprendía. Ella saltaba, corría y giraba de felicidad.
No pude mantener el paso, y me quede absorto mirando aquella extraña mujer; no podía comprender cual era el motivo para tanta felicidad. Estuve aproximadamente cinco minutos mirándole, olvidándome de cualquier manifestación telúrica.
Cuando apenas desapareció de mi vista, mi cuerpo reaccionó e inicié nuevamente la caminata sin rumbo. El cielo se tornaba con un color grisáceo y algunos rayos del sol escapaban de las espesas nubes sombrías, anduve mucho tiempo sin posar mi atención a lo que sucedía a mí alrededor, e intente concentrar mi atención en aquellas cosas que me hacían olvidar todo.
No supe en que momento terminó todo, simplemente note mi desorientación y las gotas de sudor que corrían por mi frente a causa de los nervios. Camine de vuelta a casa y tarde aproximadamente tres horas, ya que me encontraba bastante lejos.
By Eduardo L. Caraballo
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