miércoles, marzo 10, 2010

El Verano

Estuve caminado, con un cigarro en la mano. El sol brillaba entre las nubes, pero el gélido invierno acechaba las pieles de las personas, animales, cosas y todo lo interpuesto en su camino. Después de varios meses comprendí la dificultad de caminar sin sentido, pero no voy a explicarla porque tampoco tiene sentido.

Ni las largas caminatas, ni el envenenamiento por cigarro, ni un café hirviendo y tampoco la calefacción ayudaban a reducir el gran frío que me emboscaba el cuerpo. No encontraba razón ni religión que me permitiera permanecer con el cuerpo cálido.

No logré acostumbrarme; pasaron meses y el Verano regresó de sus vacaciones, y me abrazó con gran entusiasmo. Yo no le recordé como antes, su belleza se había deteriorado y sus mejillas ya no estaban tan coloradas...

By Eduardo L. Caraballo

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